La civilización del no silencio

Nuestra civilización se define ya como la civilización del ruido. Ya no resulta fácil estar en silencio, ni siquiera en el entorno laboral. Los fines de semana se convierten en otro momento de fatiga y ruido, en lugar de pausas en el decurso laboral.

Paseando por nuestras masificadas ciudades se nota un exceso de sonidos en disonancia, repetidos con terquedad. Estos sonidos golpean el oído y el sistema nervioso y finalmente, como consecuencia, dañan equilibrio psicológico.

Nuestro modo de vida ha roto incluso el ritmo biológico humano. El día y la noche, las estaciones, todo se iguala en un ritmo frenético de trabajo que es una apisonadora. Los antiguos afirmaban que el día se estructuraba en tres tercios: 8 horas de trabajo, 8 de ocio y 8 de sueño. Menuda quimera!

La vida está estructurada de modo que el hombre y la mujer de hoy no tengan en su vida espacios vacíos, es decir momentos, periodos en los que no tenga algo urgente que hacer. Hoy nos distraemos por mil estímulos, sonidos, imágenes, muchos de ellos provenientes de nuestro dispositivo móvil: correo electrónico, redes sociales cámara de fotos, música, llamadas, … La música puede ayudar a crear. Personalmente trabajo con música de Pink Floyd, Chopin, Satie, … Pero claro, esto es cuestión de gustos.

Silencio y creación

Esto hace que el hombre y la mujer de hoy tengamos una gran dificultad para entrar en nuestro verdadero yo. El momento creativo surge de estos momentos de silencio, necesarios para poder encontrarse y escucharse. A veces este momento surge andando, soñando despierto, repensando, escuchando música, tumbado, mirando las nubes pasar,…. la creatividad por horas, el «lo quiero para ayer» tan típico de las agencias y consultoras están terminando con los espíritus libres.

La necesidad de silencio se constata por todas partes. Puede parecer un signo de los tiempos.

«Hay un tiempo para callar y un tiempo para hablar» (Ecle, 7)

La cita bíblica me vale para subrayar que no se puede hablar y escuchar a la vez. Habrá un tiempo de recepción de inputs, de asunción de datos, de escucha. Tras la reflexión vendrá el momento de pensar, de esbozar, y finalmente dar rienda suelta al caudal creativo.

Pero el ser humano es un animal social. Es de naturaleza expansiva y necesita comunicarse cordialmente con el mundo exterior. De acuerdo! pero todo a su tiempo, y no todo a la vez.

De las consideraciones hechas, surgen estímulos para un replanteamiento del valor del silencio.

El no silencio, o sea , el ruido, es un indicador de la alienación de la vida: a más ruido en un lugar de trabajo, menor paz, ergo creatividad.

En el fondo, el ruido es la alergia al silencio, el no querer parar para pensar y tomar buenas decisiones. Gran parte de los errores empresariales se cometen por tomar decisiones precipitadas en entornos de crisis (de ruido).

No se nos oculta que muchas personas tienen miedo a encontrarse en silencio, a vivir en silencio.

Nuestra sociedad es más ruidosa en espíritu que en decibelios. Nos hemos olvidado de escuchar al otro. Si buscamos un interlocutor, lo hacemos solo para continuar con otra voz nuestro monólogo sin fin.

Busquemos momentos de silencio, necesarios para crear y ser felices.